El juego de los temperamentos

Un juego que es mucho más que un juego

Hace unos días, estaba pensando sobre el tema que traté en una charla, hace años cuando solía disertar. En aquel momento presenté a la audiencia, dentro de la temática del carácter y las reacciones humanas, un pequeño experimento: un “test psicológico” sin ningún rigor científico.
Más que un test, era un juego. No buscaba diagnósticos, sino algo mucho más importante: despertar la atención sobre nosotros mismos, sobre el arte de conocernos, aceptarnos y, sobre todo, amarnos tal como somos.

Hoy quiero compartir contigo este juego. No es infalible, no es concluyente… pero puede ser una excusa divertida y reveladora para mirar de cerca algunas de nuestras características.

De los filósofos a Hipócrates: el origen de los temperamentos

En el año 600 a.C., los filósofos presocráticos debatían sobre la naturaleza del cambio y la constancia.

  • Tales de Mileto afirmó que existen constantes inmutables más allá de las circunstancias.

  • Heráclito, en cambio, sentenció: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, defendiendo que el cambio es la única constante.

Mientras tanto, Hipócrates, el padre de la medicina, observaba que algunas características de las personas permanecen a lo largo de toda la vida. A eso lo llamó temperamento, una estructura congénita de la personalidad.

Creía (equivocadamente, según la ciencia moderna) que estos temperamentos estaban determinados por la fuerza de ciertos fluidos provenientes de cuatro órganos principales. De ahí nacen los nombres:

  • Sanguíneo – emocional + extrovertido

  • Colérico – racional + extrovertido

  • Biliar o melancólico – emocional + introvertido

  • Flemático – racional + introvertido

El test de los temperamentos: cómo jugar

Para hacerlo, necesitas una hoja y un lápiz.

  1. Dibuja una cruz:

    • En el eje horizontal escribe emocional a la izquierda y racional a la derecha.

    • En el eje vertical escribe extrovertido arriba e introvertido abajo.

  2. Responde, con total sinceridad y sin pedir opinión a nadie, estas dos preguntas:

    • ¿Eres más emocional que racional o más racional que emocional?

    • ¿Eres más extrovertido que introvertido o más introvertido que extrovertido?

  3. Marca en cada eje el punto que sientas que te representa.

  4. Une los puntos y observa en qué cuadrante caes:

    • Arriba-izquierda: Sanguíneo (emocional + extrovertido)

    • Arriba-derecha: Colérico (racional + extrovertido)

    • Abajo-izquierda: Biliar (emocional + introvertido)

    • Abajo-derecha: Flemático (racional + introvertido)

Importante: no hay temperamento mejor que otro. Todos tienen virtudes y defectos.

La danza entre temperamentos

Imagina que buscas pareja, socio o compañero de viaje.
Tu primer encuentro probablemente será con un sanguíneo: encantador, divertido, seductor… y, al cabo de un tiempo, tal vez algo desordenado e imprevisible.

Si eso no funciona, podrías huir hacia lo opuesto y caer en los brazos de un flemático: diplomático, confiable, calmado… hasta que descubres su tendencia a la pasividad y la postergación.

Entonces llega un colérico: decidido, claro, eficiente… pero también arrogante y rencoroso.

Y quizá termines encontrándote con un biliar: sensible, empático, profundo… aunque con un toque crítico, intolerante y demandante.

Ninguno es perfecto. Cada temperamento es un conjunto de fortalezas y debilidades. La clave está en aprender de todos:

  • Del sanguíneo, la calidez en el trato humano.

  • Del colérico, la eficacia para actuar.

  • Del flemático, la capacidad de análisis y calma.

  • Del biliar, la creatividad y la sensibilidad.

Sé tú mismo

Podemos aprender a actuar como otros temperamentos cuando la vida lo exige, pero siempre será más fácil fluir desde nuestra propia naturaleza.

Para cerrar, te dejo una historia:

Un maestro soñó que llegaba al cielo y Dios le preguntaba:
—¿Por qué no fuiste como Moisés? ¿Por qué no fuiste como Abraham?
Despertó llorando.
Su alumno, al oírlo, dijo:
—Si yo soñara eso, respondería: “Señor, no me diste las capacidades para ser como ellos”.
El maestro replicó:
—Y ahí está mi tristeza. Dios me diría: “Te di todo para que fueras tú… ¿por qué no lo fuiste?”.

Tenemos todo lo necesario para ser quienes somos. El verdadero juego de los temperamentos no es parecerse a otro… es jugar bien el papel único que nos ha tocado vivir.

Ahora que conoces el juego, te invito a probarlo. Toma una hoja, dibuja la cruz y responde con sinceridad. Luego compártelo con amigos o familia y comparen resultados. Te sorprenderá descubrir cuánto puedes aprender de ti… y de ellos. Porque conocerse no es el final del camino: es el principio de vivir con más claridad y autenticidad.

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