El árbol que sobrevivió en Hiroshima

gingko biloba

El 6 de agosto de 1945 caía sobre Hiroshima la primera bomba atómica que se usaba como arma de guerra. En la ciudad nipona morían al instante 140.000 personas, cifra que fue aumentando en los días siguientes hasta llegar a alrededor de 350.000. Los edificios quedaron arrasados y la devastación fue casi total. Se calcula que en Hiroshima desaparecieron cerca de 20.000 edificios y casas, y en Nagasaki quedó destruida el 40% de la ciudad. Los daños fueron inenarrables, pero la verdadera tragedia fue la pérdida de vidas humanas. Hiroshima, con una población de 350.000 habitantes, perdió instantáneamente a 70.000 y en los siguientes cinco años murieron otras 70.000 a causa de la radiación. En Nagasaki, donde había 270.000 habitantes, murieron más de 70.000 antes de que terminara el año y miles más durante los años siguientes. Se calcula que en total murieron cerca de 250 mil personas.

Pero en medio de esa catástrofe y desolación, a apenas un kilómetro del epicentro de la explosión sobrevivía un árbol, el Ginkgo Biloba, que apenas un año después brotaba de nuevo como si nada hubiese pasado. Fue un superviviente que encontró un retoño verde, la única vida que surgía de entre las cenizas de la ciudad, cuando llevaba a una niña en brazos hacia el hospital desde las ruinas de una casa, vio una planta verde que parecía salir de las cenizas. A su regreso arrancó la planta de raíz y otro superviviente la examinó y le dijo que era un retoño del árbol Ginkgo Biloba. En septiembre de 1945, un mes después de que Estados Unidos lanzara la bomba sobre Hiroshima, se hizo un examen riguroso de las plantas y árboles que había habido en los jardines y parques alrededor del epicentro de la explosión. Parecían segados de raíz por una misteriosa guadaña. Un árbol de Ginkgo Biloba que alguna vez fue plantado junto a un templo totalmente destruido, un arbolito verde –sin muestras de deformación– se alzaba con nuevos brotes y en la primavera de 1946, menos de un año después de la explosión, brotó de nuevo y aún hoy se mantiene vivo. Después de considerar si se trasplantaba o se talaba el árbol antes de iniciar a construir allí un nuevo templo, se decidió dejarlo crecer y construir el templo Hosen-ji ajustándolo alrededor del árbol de manera que lo protegiese, cuando se reconstruyó el templo, se remodelaron las escaleras de acceso formando una U para mantener intacto el ejemplar superviviente. Desde entonces, en su corteza se han grabado rezos y plegarias por la paz, en su pie hay una inscripción en la que puede leerse: «No más Hiroshima»

El Ginkgo Biloba era y es un árbol sagrado en China y Japón, se le conoce como portador de esperanza. Su origen se remonta al periodo pérmico, hace alrededor de 270 millones de años, y se hubiese extinguido de no ser considerado un árbol mitológico digno de ser conservado en los templos budistas asiáticos. Fue allí donde se mantuvo, extinguiéndose por completo en la naturaleza. Fue en uno de esos templos budistas, el de Housenbou, donde sobrevivió a la bomba atómica junto con otros pocos ejemplares de su especie que se encontraban algo más alejados del epicentro.

Así, el único ser viviente de la vegetación que se extendió por el mundo, el Ginkgo, es el eslabón entre el presente y el pasado.

Las cualidades terapéuticas del Ginkgo Biloba fueron observadas ya por los monjes budistas hace miles de años. Hoy siguen vigentes. Se sabe que desde hace casi 5.000 años el árbol de Ginkgo era sagrado por los monjes chinos y que ya entonces se utilizaba para preservar las funciones mentales. En la actualidad cientos de experimentos han demostrado que de hecho posee impresionantes cualidades terapéuticas.

El Ginkgo Biloba protege la salud de varias formas. En primer lugar es un poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres que pueden dañar las células nerviosas al igual que otras células. En segundo lugar el Ginkgo aumenta la cantidad de oxígeno que llega al cerebro, al incrementar el contenido de oxígeno en la sangre, aumentar el abasto de sangre al cerebro y mejorar la disponibilidad de glucosa. En tercer lugar el Ginkgo evita la coagulación excesiva de la sangre. Se cree que el Ginkgo también puede ayudar a mejorar la transmisión de información en las células cerebrales.

Algunos estudios han demostrado que ayuda a mejorar el tiempo de reacción en pruebas de memoria y la capacidad mental de personas de edad avanzada. En la actualidad se estudia para mejorar la memoria en pacientes de Alzheimer y Parkinson y retrasar los síntomas de estas enfermedades desde las primeras etapas.

El Ginkgo Biloba también es beneficioso para la depresión. Estudios de las propiedades antidepresivas de esta planta se han probado en pacientes que sufrían insuficiencia cerebro vascular. Se observó una mejora no sólo en la circulación cerebral de los pacientes sino también en su estado de ánimo.

El ginkgo (Ginkgo biloba) conocido también como árbol de los cuarenta escudos, es un árbol único en el mundo, sin parientes vivos. Está clasificado en su propia división, la Ginkgophyta, siendo el único miembro de la clase, Ginkgoopsida, orden Ginkgoales, familia Ginkgoaceae, género Ginkgo. Contiene una única especie, el Ginkgo biloba que constituye uno de los mejores ejemplos de relicto o fósil viviente conocido.

Originario de China. Puede llegar a vivir hasta 1.000 años. Se ha usado con fines ornamentales desde hace milenios. Puede florecer en diferentes climas del mundo, sin embargo, crece principalmente en el sur y el este de Estados Unidos, el sur de Francia, China, Corea, Argentina y Uruguay. Desde hace siglos se ha utilizado por sus acciones terapéuticas, especialmente por la medicina tradicional china, y las hojas del árbol se usan en la herbolaria moderna.

Entre los efectos que provoca una explosión atómica se encuentra una fuerte radiación ionizante, que produce una oxidación en los tejidos vivos que atraviesa dicha radiación. El Ginko Biloba es un auténtico fósil viviente, un árbol que existía hace ya cientos de millones de años, cuando la atmósfera terrestre era mucho más rica en oxígeno, y desarrolló sistemas de defensa contra la oxidación que lo salvaron de la explosión atómica.

Después de la bomba atómica de Hiroshima, se le conoce como “Portador de Esperanza”.

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