Con motivo de una disertación a la que me han invitado, en la que se abordarán temas sociales y de actualidad, desarrollé la siguiente exposición con un tema que desde hace un tiempo a esta parte vengo notando con una creciente actitud en nuestro país y que me da bastante pena: echarle la culpa a otros.
En la definición, el victimismo o victimización es la tendencia de una persona a considerarse víctima o a hacerse pasar por tal. Una víctima es quien sufre un daño personalizable por caso fortuito o culpa ajena. El victimista se disfraza por tanto de víctima, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo inexistente; y/o responsabilizando erróneamente al entorno o a los demás.
En Lógica es una retórica demagógica que busca desprestigiar de una forma falaz la argumentación del adversario denotándola como impuesta o autoritaria. Para ello, el sujeto victimista posiciona a su adversario de forma implícita como atacante al adoptar una postura de víctima en el contexto de la discusión.
Según la psicología una personalidad victimista o de tendencia psicológica victimista que puede llegar a desembocar en una conducta patológica como trastorno paranoide consiste en una tendencia a culpar a otros de los males que uno padece y resguardarse en la compasión ajena. Esta tendencia se caracteriza por una deformación pesimista de la realidad en la que el sujeto se regodea en el lamento y queda incapacitado para realizar cualquier tipo de autocrítica. Es uno de los pilares de la cultura de la queja. Si Usted está permanentemente preguntándose ¿“Por qué a mi”?, es porque transita la vida con sentimientos de “Víctima”. Reformule la pregunta. Pregúntese: ¿“Para qué”? y conviértase en un “Aprendiz de la vida”. Asuma la responsabilidad sobre sus actos.
Entonces, tanto la Víctima como el Aprendiz tienen una pregunta que formularse. La pregunta de la Víctima, nunca tiene respuestas: ¿Por qué… Por qué a mí? Y siempre está buscando la manera de responsabilizar a los demás de sus fracasos y desgracias. La pregunta del Aprendiz: ¿Para qué?, en cambio, SI tiene una respuesta, y es: “para aprender”.
Creerse “víctima” no es un sentimiento. Es una “MALA ACTITUD”, un comportamiento humano involutivo, alejado de toda posibilidad de desarrollo. La actitud de víctima hace que las personas huyan de asumir sus responsabilidades y terminen “lavándose las manos” ante sus errores. Son fabricantes de excusas y “verdades inventadas” (o mentiras) hasta llegar a la manipulación. Una persona con actitud de víctima llega, incluso, a hacer ejercicio de la creatividad para sostener su flaqueza y mentira. Tenga la seguridad que la víctima sólo recibirá las migajas enmohecidas de la lástima, y creerá que es amor y comprensión; pero en realidad, es el ocultamiento del MIEDO que posee. El miedo es lo opuesto al amor; es concretamente la “negación del amor y la verdad”.
Pero sepa que usted es el único responsable de su presente y de su futuro. Todo lo que piensa, siente y hace hoy es una siembra que, a la corta o a la larga, dará su cosecha. Aceptar sus errores y fracasos, le permite a su mente y a su corazón que se abran, para recibir la maravillosa sabiduría que se esconde detrás de toda adversidad. Aceptar el fracaso le da a Usted “poder”, porque al recibir conocimiento de estos benditos sucesos adversos, lo adquiere por añadidura. Es conocida la frase “el conocimiento es poder”; pues bien… acepte el fracaso como un momento maravilloso de aprendizaje.
Le aseguro que hay dos cosas que Usted gana cuando acepta los fracasos:
- Usted abre su corazón a las dimensiones de la humildad. Aceptar un fracaso, es de corazones humildes y, de esta manera, habrá triunfado ante su ego herido, que no soporta ser vencido.
- Usted gana aceptando el fracaso, el conocimiento y la humildad, la vida le premiará con la capacidad de ser poderosamente más creativo, más ingenioso; y siéndolo, tendrá las herramientas más preciadas para resolver los problemas.
El rencor y los resentimientos, sin duda, nacen cuando culpamos. Y la culpa, es el pretexto o la escusa ideal, para disfrazar nuestra incapacidad para asumir la responsabilidad de nuestros errores cometidos. Lo triste de esto es que “echar la culpa” se ha convertido en una cultura enraizada de la sociedad en la que vivimos.
Parecería que una inclinación exacerbada del Ego hace echar la culpa a los demás. La gente se cree qué es perfecta y raramente aceptan las críticas. Están totalmente controlados por su EGO, un EGO que les dice cosas cómo: No necesitas mejorar, Eres perfecto, Eres lo máximo!!! El EGO es un mecanismo de defensa al igual que puede ser el miedo, sin embargo en muchas ocasiones hace más mal que bien.
Por otra parte el orgullo se siente identificado con lo que hacemos nosotros y generalmente te dice cosas cómo: Todo lo que haces está bien, Tente un respeto a ti mismo exagerado, Nadie ni nada puede superarte. Es evidente que hay que tenerse respeto a uno mismo pero hacerlo de forma exagerada es negativo. Sin embargo el orgullo exagerado es malo porque así es cuando nace la gente que raramente pide perdón. Para ellos pedir perdón es como azotarse con un látigo, un auténtico calvario. Les cuesta horrores pedir perdón o admitir que se han equivocado.
La culpa está en ti mismo y algunas veces las otras personas tendrán parte de culpa, pero no toda. Pero da igual donde mires, la culpa nunca es tuya. Eras pobre pero compraste dos casas y ahora te echan, es culpa del banco; si en tu trabajo no tomabas responsabilidad y te echan o te quedas sin él, la culpa es del patrón; si el país vivía en una burbuja económica y llega la crisis la culpa es de los imperialismos; si tu relación sentimental es un desastre la culpa es de tu pareja que no te comprende. Ejemplos hay a patadas de esta actitud llorona e infantil. Y realmente lo tomo con humor pero molesta muchísimo.
Está claro que en la mayoría de los problemas hay factores externos. Es lógico, porque en nuestras vidas no hacemos más que interactuar, no estamos aislados en burbujas individuales. Sin embargo, todos somos responsables de nuestros actos y, generalmente, nuestros problemas están derivados de decisiones y acciones que tomamos en el pasado. Cuando le echamos la culpa a otro puede que nos sintamos mejor a corto plazo, pero a largo plazo nos estamos haciendo un mal terrible.
Al no reconocer nuestra parte de culpa (o de responsabilidad si lo prefiere) nos estamos privando de la herramienta más poderosa del intelecto humano: el aprendizaje. No nos engañemos, por mucho que observemos las experiencias de los demás, el verdadero avance llega cuando las cosas se experimentan en primera persona. Son precisamente los errores que hemos cometido en nuestra vida, tras reflexión y análisis, los que moldean nuestra personalidad y nos ayudan en futuras ocasiones. Quejarse ayuda a sentirse mejor, pero casi nunca soluciona nada.
Cuando surge un problema, cuando la vida no nos satisface por la razón que sea, hay que detenerse, reflexionar y analizar todo en su conjunto. Naturalmente, una parte de la responsabilidad de nuestra situación recaerá sobre otros, pero de una manera u otra, siempre tendremos nuestra cuota de culpa. Y es esa cuota la que no podemos ignorar, porque es ahí donde suele estar la clave de la solución. Es muy complicado cambiar lo que hacen los demás, pero de nuestros actos somos los únicos responsables.
Mucha gente se protege echando el muerto encima de los demás y lo único que hará eso es impedirte mejorar. Si te encuentras con gente así, gente que siempre echa la culpa a los demás (o tu eres así) verás que reúnen las características de: Tienen mucho ego y mucho orgullo. Una forma divertida de ubicarlos es obligarles a pedir perdón cuando hagan las cosas mal.
También puedes exagerar las cosas diciendo algo cómo: “tienes razón, que torpe soy, ojalá fuera tan perfecto como tú, que en xxxxxxxxxxxx de segundos de vida jamás has perdido nada, siempre somos los demás, no sé como los dioses te dejan convivir con humanos con lo perfecto que eres.
Asumir la responsabilidad por tus acciones y admitir la culpa es un signo de crecimiento y madurez. Algunas personas atraviesan la vida culpando a otra por sus errores y se niegan a admitir que alguna vez están equivocados. Si conoces a alguien que se niega a aceptar la culpa, hay algunas formas simples de lidiar con ellos y tratar de resolver el problema.
- Sé comprensivo. Las personas que son siempre negativas y consistentemente culpan a otros por sus errores, fallas o decepciones no toman responsabilidad por ellos mismos y sus vidas. Creen que todo es culpa de otra persona y minimizan sus acciones. Es difícil lidiar con estas personas, pero mantén en mente que nadie es perfecto y es probable que se comporten así porque son infelices con sus vidas o se sienten mal respecto de si mismos de alguna forma.
- Habla con la persona. Si alguien está haciendo algo que te molesta, no ayudas a nadie si lo dejas pasar. Ten una conversación tranquila con la persona respecto del comportamiento y explícale por qué te molesta. Evita confrontar o ser negativo. Puedes dar ejemplos específicos de los comportamientos que muestran que la persona tiende a culpar a otros por sus propios errores. Permítele reflexionar sobre estas situaciones y responder a tus preocupaciones.
Recuerda que El mundo no es tu enemigo… solo tienes que tratarlo como a tu mejor AMIGO.
BENDICIONES!!!