Reflexión y postura sobre la situación en Venezuela

Siempre he condenado el régimen chavista y, de manera particular, la dictadura de Nicolás Maduro.
La persecución a la disidencia política, el castigo por pensar distinto, la violación sistemática de los derechos humanos y la existencia de presos políticos han motivado siempre mi más enérgica crítica y condena.

He sostenido mis ideales y mi voz aun frente a las críticas de sectores afines a dicho régimen.
Los mismos que defendían la dictadura chavista mientras calificaban de dictadura a un gobierno democrático como el del presidente Mauricio Macri.
Los mismos que reclamaban por Maldonado, pero no movían un dedo ni alzaban la voz por los más de mil presos políticos en Venezuela.
Los mismos que hablaban de “tierra arrasada” en la Argentina, pero miraban hacia otro lado frente a los más de nueve millones de venezolanos forzados a emigrar.
Los mismos que no respetaron las urnas ni el veredicto popular que consagró como presidente electo a Edmundo González y a María Corina Machado como vicepresidenta, ignorando uno de los fraudes electorales más aberrantes de la historia democrática contemporánea.

Al mismo tiempo que condeno al régimen, reafirmo mi convicción más profunda en la autodeterminación de los pueblos y que cualquier cambio o transformación genuina debe surgir desde adentro.

Por ese motivo, no respaldo ninguna intervención militar ni política extranjera que pretenda dirigir el destino de Venezuela o vulnerar su soberanía. Sin embargo, también reconozco que el régimen solo ha dejado hambre, pobreza y desolación en un país inmensamente rico.
Hoy, los simpatizantes del populismo condenan una eventual intervención de los Estados Unidos recurriendo al artilugio verbal de que “vienen por el petróleo”, cuando durante veinticinco años guardaron silencio ante la devastación de Venezuela a manos de Rusia, China e Irán, sin mencionar la cartelización del país a través del narcotráfico.

Lamentablemente, el derecho internacional y los organismos multilaterales no supieron —o no quisieron— dar respuesta a un pueblo que pedía ayuda desesperadamente, tanto desde dentro del país como desde el exterior, a través de millones de emigrantes que debieron abandonar su tierra y dejar atrás a sus seres queridos.
Se falló de manera sistemática en la defensa del pueblo venezolano frente a un régimen que avasalló sus derechos y garantías, conduciendo al país a una crisis institucional, económica y humanitaria sin precedentes.

Ruego a Dios nuestro Señor que ilumine a la comunidad internacional y abra sus ojos para la liberación definitiva del hermano pueblo venezolano, para que pueda ejercer su voluntad libre y soberana, sin injerencias extranjeras.

Deja un comentario